El Destino del Iscariote

It's better a Kiss of Death than nothing...

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11.03.08

Chapeau por Rajoy

Al final me equivoqué.

No entro a valorar la decisión de Mariano Rajoy, porque no tengo nada claro el tema. Hay muchas interpretaciones posibles, y lo único que probará una de ellas será el tiempo. Sabremos cómo se supera el enfrentamiento que se inicia hoy con el frente mediático próximo a Aguirre, si es que existe tal y no es humo o peor cortina de humo. Sabremos si el nuevo equipo de Rajoy es el viejo equipo de Rajoy o no. Sabremos si Gallardón pinta o borda. Si la Esperanza está ya perdida por calada. Muchas cosas sabremos.

No. Chapeau, Rajoy por otra cosa. Por ofrecer una declaración pública en soledad y por exponerte después, sin cortapisas, sin exclusiones y sin censura previa a las preguntas incisivas de los periodistas. Hayas respondido o no (más bien no), una situación así hace mucho tiempo que no se veía.

Minutos después te has vuelto a convertir en mi rival político, y no olvido tus palabras estos años. Nunca. Pero esos minutos me has caído bien. Lo malo es que otra de las posibilidades es que deliberadamente hayas decidido ese gesto, para caer bien subliminalmente. La izquierda también puede ser conspiracionista.

Mientras, esta noche en La Linterna de COPE César Vidal daba pábulo a la versión 2.0 de la locura peonesca. Nunca entenderán que si algo relacionado con un atentado modifica un resultado electoral es, como fue, su reacción, sus palabras, su desvergüenza y su indignidad. Lo que se ha vivido en este país, en la Red española, esta última semana quedará grabado en muchas cabezas. El asesinato de un socialista no empuja a votar socialista: vuestro empeño en aprovechar electoralmente la sangre ajena sí.

Rajoy, si de verdad se ha desligado de eso, debería disculparse y se ganaría otro chapeau, porque le va a costar mucho votante que está en modo secta on, y ese modo es muy difícil de desactivar. Lo veremos.

Atentos a sus pantallas.

26.02.08

Judas en campaña (IV) - Más allá del debate

He visto el debate Zapatero-Rajoy con otros ojos. Una vez que te quitas de encima la idea de que tienes que votar a uno de ellos es mucho más sencillo tomar distancias, así que he visto el debate como un hooligan. He disfrutado viendo a los dos echándose cosas en cara, porque son en gran medida las que yo les reprocharía.

Luego me he calmado y he bajado el ritmo cardíaco. A veces viene bien desconectar y primitivizarse, pero lo importante es volver y pensar. Lo que no me ha gustado tanto ha sido la cantidad de propuestas de futuro que se han oído, que ha sido exacta a la cantidad de elementos de los programas electorales que se han nombrado y desarrollado. Pero era de esperar.

Era de esperar porque a lo que hemos asistido no es a un debate electoral, sino a algo similar al reencuentro de dos amigos que se despidieron hace unos años en no muy buenas condiciones y que, al coincidir al cabo del tiempo, empiezan tibiamente pero terminan acusándose mutuamente de robarse la novia y deberse dinero. Daban la impresión de tenerse muchas ganas, de haber guardado durante demasiado tiempo ciertas frases hechas para escupírselas al de enfrente (y les ha pasado como al vino: se han avinagrado).

Zapatero ha hecho una buena defensa de su labor esta legislatura. En economía ha sabido recoger lo sembrado por Solbes hace unos días en el varapalo que le dio a Pizarro, salvando la cara a pesar de que existe un problema real: la percepción de la marcha de la economía es pesimista en un momento que no lo merece hasta ese punto, y en un efecto anti-placebo eso puede terminar afectando al MundoReal. En políticas sociales ha vencido claramente por incomparecencia del contrario salvo en asuntos de inmigración (donde el populismo y la xenofobia no son aceptables como argumentos). En terrorismo ha estado cauto, reprochando como único argumento la deslealtad del de enfrente. Justo y comedido, recibiendo pullas sangrantes a traición. Sin duda su peor momento el referente a política institucional: nada de la Iglesia, nada de la República, nada de racionalismo sobre nacionalismo sino todo lo contrario. Aprobadito. Soportable.

Rajoy ha estado indescriptible. En economía ha decidido caer en los mismos errores que Pizarro hace unos días (incluso en un detalle legislativo que sonrojó al turolense), repitiéndose como el ajo cada vez que se le rebatía algún dato. En política social no ha dicho nada, porque sencillamente su partido no la tiene. Van a remolque. Un momento de oro para que publicitase el Ministerio de la Familia que presupongo va a usar los fondos del Ministerio de la Vivienda a extinguir, perdidito en el vacío de las ondas. Si tenemos que hablar de inmigración, qué pena de Rajoy, qué absurdo, qué visceral, qué irresponsable. Qué nacionalista, en fin. Sobre el terrorismo y sus palabras, ahorremos comentarios para evitar sucesivos vómitos de rabia contenida por simple sentido común. Su peor momento, su obcecación con los mantras y las consignas repartido por todo el debate.

La culpa es nuestra. Aceptamos que los políticos se pueden llevar tan mal que en cuanto se cruzan con tiempo se ladran y se escupen. Zapatero ha vendido como un logro que este año ha hablado nueve (9) veces con Rajoy, nueve veces en casi 4 años. Soy totalmente consciente de que con este Rajoy es muy difícil hablar, pero lo que sí hay es otra forma de contestarle. Ambos han estallado en varios puntos simplemente porque se han dicho a la cara lo que llevan diciéndose a la espalda hace años, y sin tiempo de preparar respuesta, pose y sonrisa. Ha sido, en suma, como una sesión de juzgado de un divorcio conflictivo.

Y los hijos, como siempre, se dividen entre los de papá, los de mamá y los que se quedan sin bando de pura pena.

¿Aún no ves la necesidad urgente de renovar todo esto? ¿No ves que es no sólo deseable sino ya simplemente imprescindible contar con políticos de ideas y no de vísceras que no se falten al respeto y que propongan sus ideas en vez de dedicar su poco tiempo a criticar al contrario? Cualquiera de los dos candidatos habría ganado de calle el debate si en vez de entrar al trapo de su deseada pelea hubiera expuesto su programa sin ambages, directamente. El de enfrente habría ido a contrapié, intentando rebatir cosas que no se espera se propongan y soltando un rollo que no le interesa a nadie. Claro, que para eso hay que tener ese programa, esas propuestas.

¿Han hablado de la despenalización del cannabis? Eso me interesa. ¿Del cánon digital y las alternativas? Algo me dice que el modelo de Rajoy es similar al Francés, y quiero saberlo. ¿Eutanasia? Nada. ¿Laicismo? Menos que nada, un golpe de pecho ya en retirada. ¿Sociedad de la Información y Red? SI el ADSL está caro, búscate un segundo empleo. ¿Una solución racional al problema que se han inventado con las lenguas? Bah, mejor negar lo evidente y mirar a otro lado (ambos dos). ¿Reforma electoral que sea más proporcional y no les beneficie tanto precisamente a ellos dos? Eso no importa a los españoles, me temo.

Yo debo no ser español, porque las cosas diarias, las que me interesan realmente, ni las han nombrado.

19.01.08

La reunión en la calle Génova

No te pierdas lo que cuenta Emilio… que tiene miga, mucha miga.

16.01.08

10 de Marzo de 2008

Fuentes del entorno del alcalde no dudan en admitir que «Aguirre ha ganado el pulso y así lo reconoce Gallardón. Asume la derrota que le ha infligido ésta y su sector», lamentaron a ABC, para agregar, a modo de advertencia, que Ruiz-Gallardón «hablará» a partir de la cita electoral de marzo.

ABC: Un ultimátum de Aguirre a Rajoy acaba con la carrera política de Ruiz-Gallardón

Hacía frío esa mañana. La primavera se retrasaba, y en Madrid los termómetros se desperezaban. Los ecos de los aplausos decepcionados de anoche todavía resonaban en sus oídos. No se levantó de la cama; se limitó a apagar de un manotazo el radio-despertador que le chillaba desde la mesilla.

Fue una noche dura en la sede del partido. A pesar de las encuestas, todavía mantenían la esperanza de la victoria. Qué irónica, la esperanza… Pasó de la espectación ilusoria a la realidad aplastante. Se cerraba un ciclo. Y aún así, era lo mejor para el partido.

Recordaba unos meses antes, en aquel despacho, cuando trataron de degollarlo políticamente y prefirió el suicidio propio a la muerte del partido. ¿Qué más podía hacer? La amenaza de Esperanza era firme. Añadir a Gallardón a las listas provocaría una crisis a nivel nacional evidente, porque eso incluía necesariamente a Esperanza, que debía dimitir como Presidenta de la Comunidad de Madrid. Amén de que tener a sus dos postulantes a sucederle en el Congreso durante 4 años provocaría sin duda una rivalidad que empujaría peligrosamente al partido hacia una escisión. Él ya asumía que si perdía estas elecciones se iría, y había aceptado sin mucha alegría que Gallardón había ganado en inteligencia y era su momento. Estaba dispuesto a dejarle. Pero las ansias de poder de éste sólo eran equiparables a las de aquélla, que no dudó en tensar la cuerda que ata a las familias del PP hasta ver a una estangulada.

Terminó de remolonear por la cama. Era ya media mañana y no tenía ganas de hacer nada, pero sabía que debía practicar la cara de serenidad. Hoy todos le mirarían con lupa. Su partido dependía de su capacidad de interpretar.

Recordaba los semblantes de la noche anterior. Mentes calculando con fachada de empatía. Evaluando cuánto les había afectado el desastre. Sopesando grupos, poderes y facciones, esbozando alianzas incipientes en la lucha de poder. Sólo Zaplana estaba abiertamente alegre: además de su innata sinceridad en círculos cercanos que le impedía fingir pena por nadie salvo él mismo delante de colegas, tenía asegurado sillón para cuatro años, un último regalo a un amigo. Lo que creyó antaño un amigo. Esperaba haber tomado la decisión correcta. Si había lucha, que fuera en casa. Que no se mostrara en el Congreso de los Diputados con dos dirigentes del partido enfrentados a muerte.

Se levantó con desgana. Le daba vueltas todo, su mente se contraía en una suma de ideas negativas. Pensó en qué le esperaría en el despacho hoy cuando llegara. ¿Le habría redactado ya alguien la carta de renuncia? ¿Le mirarían ya de soslayo incluso los que una semana antes se sentaban a su lado en maitines? Había captado miradas cómplices poco antes de irse a casa anoche. Quedaban los justos, el nucleo, y anunció que se marchaba. Un par de destellos en los ojos. No hacía falta añadir más.

Decidió tomarse un café. Él había hecho todo cuanto estaba en su mano; ahora ellos debían poner la sangre fría por el bien del partido.

Encendió el televisor y sintonizó una cadena nacional. La imagen anunciaba una rueda de prensa de Alberto. Empieza la guerra. Era duro saberse la primera e inevitable baja. Nunca tuvo deseos de grandeza, pero tampoco pensó que su carrera política acabara así, marcada por la locura de la conspiranoia y las luchas intestinas para sucederle desde el momento en que perdió por primera vez. Espero que la Historia me olvide, pensó para sí.

Mariano Rajoy rompió a llorar.

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