El Destino del Iscariote

Lookin' for someone to betray...

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13.08.08

El día que denuncié a mi padre

Muchas veces, cuando vas navegando por la Red, te encuentras cosas que te aturden, te dejan mal sabor de boca e incluso te horrorizan. Hoy me he encontrado una que a todo eso suma un sentimiento de vergüenza ajena impresionante. Y no es para menos. Comienza así (comillas del autor):

Ha sonado mucho estos días las “heroicidad” de un tal “profesor Neira” que anda en coma por salvar a una mujer del ataque de un despreciable macho… pero al feminazismo oficiante se le ha caído el tenderete con la siguiente noticia: La mujer a la que defendió el profesor dice que el agresor es ‘una bellísima persona’.

Enhorabuena campeón. No quisiera ver la cara que se te queda si algún día sales de esta y te enteras que no solo la tiparraca sigue con el maromo que le zurra sino que poco le ha faltado para escupirte en la cara.

He contado hasta diez. He contado hasta veinte. He contado incluso hasta treinta y sólo se me ocurren improperios. Un tal profesor Neira. Heroicidad entre comillas. Campeón. Sí, está hablando de la persona que está en coma por intentar ayudar a una mujer maltratada, una persona que merecería ser catalogado de Héroe con mayúscula y no de «héroe» con comillas. Y termina de arreglarlo copiando un texto de un foro en el que se lee, atentos:

Una cosa es ayudar a una persona en apuros, realmente en apuros, es decir, que se vea que por ejemplo una chica joven esta a punto de ser violada por un moro o un sudamericano.

mientras se llama imbécil en repetidas ocasiones al tal Neira.

Según parece al leer los comentarios («El patético héroe en estado de coma es un imbécil.», «una mujer “maltratada” siempre se pondrá de parte de su pareja ante cualquier pagafantas que quiera ayudarla; “en el fondo es muy bueno”, “él me quiere pero a veces tiene estas cosas”, dicen todas.», «Lo dicho. Hay que ser muy imbecil para defender a estas putas.») y las explicaciones del autor, un (cómo no) sindicado en Red Liberal al que ninguno de sus colegas ha intentado siquiera rebatir, el tal Neira es un estúpido imbécil que se merece lo que le ha pasado por tonto. Uno entiende, tras repasar los comentarios a favor de la tesis talista, que lo que debía hacer el tal Neira cuando vio la paliza que le estaban pegando a una mujer era o no meterse o abrirle la cabeza al agresor, lo cual no deja de ser curioso. Y es que cuando tratamos de contemplar el cuadro completo de lo que nos quieren vender asusta, vaya si asusta.

Sus colegas ancapistas lo tendrían muy claro: no meterse. El maltratador ha iniciado una agresión, sí, pero hacia una mujer, su mujer. Como dicen algunos comentaristas de lujo de la entrada enlazada, «¿Y si la bronca era porque la tía se estaba beneficiando a su mejor amigo?» ¿Eh? ¿Sabe alguien si ese tipo tenía razones para darle esa somanta palos a su mujer? ¿Es que no sabemos todavía diferenciar un maltrato real de un par de hostias fuertes por celos, dinero o simple resaca? En cualquier caso, la ética de la libertad es clara: que se defienda la mujer o que pague un servicio de seguridad. Eso de abrirle la cabeza al maltratador es iniciar una agresión, lo cual lo convierte en imposible. Mejor cobrar por mirar, digo yo ya que estamos, no vayamos a olvidar la dimensión económica de toda la Realidad. Sí, lo que en clave de humor negro es escalofriante cuando se dice en serio es incluso peor. Pero es que estos tipos lo dicen en serio.

Encima da la mala suerte de que la mujer ya paga un servicio de seguridad: se llama Policía. El Señor Neira avisó a su empresa de seguridad, y acto seguido terminó en coma. Lo que nos quieren contar esta gentuza (pues no se me ocurre otro nombre) es que ante una agresión te calles, mires a otro lado y no te metas en líos. Luego, cuando aparecen personajes que llevan esa ideología al extremo, los llamamos monstruos, nos echamos las manos a la cabeza y suspiramos porque pasa en otros países. Años y años intentando convencer a la gente que si las paredes gritan y tus vecinas sangran hagas algo en vez de subir el volumen de tu televisor. Semanas, meses haciendo comprender a las agredidas que no están solas, que la sociedad las quiere ayudar a dejar esa miserable vida de la que no saben escapar y llegan estos niñatos y nos dicen que no, que no nos metamos donde no nos llaman. A eso, por decirlo suavemente, lo llamaría complicidad.

Capítulo aparte merecen esa reflexiones, por calificarlas de algún modo, de que esas «putas» siempre defienden a su maltratador. Que aseguran que «en el fondo no son tan malos» y «si me quiere, pero se le va la mano». Empezaría a recitarles una lista inmensa de razones psicológicas y afectivas que las empujan a sufrir esa especie de «Síndrome de Estocolmo» pero daría igual: el impermeable nunca se moja, el ignorante a voluntad nunca aprende, el insensible ni siquiera sabe qué es la empatía y nunca entenderá qué se siente en la piel de otro.

Hace cerca de dos años denuncié a mi padre. Tras 25 años de malos tratos a mi madre y a mis hermanas di un paso adelante, me personé en una comisaría de la Guardia Civil y presenté una denuncia, exigiendo órdenes de alejamiento que protegieran a todos mis seres queridos. Según esta gentuza soy un feminazi, porque a mí nunca me puso una mano encima. Tuve que soportar que agentes de la Guardia Civil me dijeran que no sería para tanto, que tenía cara de buena persona, diez minutos después de que casi apuñalara a un cuñado en su lugar de trabajo. Con la orden de alejamiento de 150 metros en la mano, lo vi desfilar debajo de mi ventana procesionando en una cofradía de Semana Santa después de que tanto sus compañeros como el sacerdote de la parroquia de mi pueblo supieran que era un maltratador condenado y mi dirección. Aguardé dos años largos un juicio en el que la abogada de oficio no hizo absolutamente nada. No me quejé cuando el día del juicio simplemente nos dijeron que nos fuéramos, que no se iba a celebrar porque había un acuerdo para evitar la cárcel. Han pasado muchas cosas, muchas de las cuales me han demostrado que hay gente (o mejor gentuza) que no siente la más mínima consideración por los infiernos que otros sufren sin motivos, que terminan pensando «no será para tanto» o «se lo busca ella misma» calcando los argumentos de los justificadores de terroristas. Entiendo perfectamente que alguien no se quiera inmiscuir en una pelea ajena, o que le desagrade tanto estéticamente el color rojo que huya cuando ve dar la primera bofetada. Entiendo que una gran parte de la Humanidad no ha sido humana en su vida. Pero que no me quieran vender que eso es «lo decente» ni mucho menos «lo deseable».

Siento que tengo una fuerza moral suficiente para decirlo alto y claro: los imbéciles, los «putas», los «héroes de salón», los «campeones de silla de oficina» sois todos vosotros, erpayos and company. Y lo dejo aquí porque si no seguro que cometo un delito de injurias.

29.06.08

Aranjuez

Escribo desde una habitación de hotel. A estas horas España es virtual campeona de Europa de fútbol: hace una hora no pasa un alma por la calle. Hace dos, podías freir un huevo sobre las aceras. El calor es parecido al de Murcia: asfixiante. Pero tienen algo distinto.

Aranjuez tiene río. Es una perogrullada, el Tajo atraviesa la ciudad. Igual que el Segura con Murcia. Pero no igual. Es muy curioso cómo el paisaje se enverdece en cuanto sales de la provincia murciana, cómo los ríos tienen agua y ésta fluye mientras el estanque del Segura se aburre.

Pero de esas cosas no eres consciente hasta que sales y ves otros caudales.

Mañana inaugura el curso de verano Democracia versus Teocracia al que asisto Fernando Savater con una conferencia titulada ¿Es tolerable la tolerancia religiosa?. Promete. La semana está completa, salvo la tarde del miércoles que no hay programación oficial aunque sí una visita al Palacio Real que no sé si haré. Y es que he encontrado otra cosa que hacer….

Nada más llegar nos han entregado un libreto con los programas de todos los cursos de verano, y cuál es mi sorpresa de enterarme que esta semana comparto ciudad y parece que Universidad con la crema y nata de Red Liberal, alrededores y anunciantes, que participan como ponentes en el curso Libertad individual y políticas públicas, que casualmente está patrocinado por el Instituto Juan de Mariana. Más allá del hecho yomeloguisoyomelocomo del Instituto, la casualidad hace que el miércoles Daniel Rodríguez Herrera participe en una mesa redonda por la tarde.

Desde aquí queda dicho, Daniel Rodríguez Herrera et al: como la situación es tremendamente injusta (yo sé quiénes sois, he visto fotos) podríamos balancearla un poco. Con lo que me gusta mi anonimato y tal. Pero es que el martes viene María Blanco y, habiendo oportunidad de conocer, pues se intenta aunque no venga Stewie. Quién sabe qué parirá Aranjuez.

11.06.08

Eso, que se jodan

Es un tema recurrente. Cada cierto tiempo se vuelve a encender la llama de la controversia. Que si Sociedad Alkoholika hacen apología del terrorismo, que si son proetarras. Al final nunca se demuestra nada, pero parece que a algunos el tema les viene bien para quedar de chupiguays. Oigan, de derechas pero metalero. Me parecen unos cabronazos por sus letras pero a)no les entiendo b)tienen derecho a ser unos hijoputas que vitorean a ETA.

Como les han contado que SA son malotes y proetarras, son malotes y proetarras. De nada sirve que se explique (o no, que en realidad el tema SA es secundario aquí). Pero claro, otros a la vez se han creído el cuento ese de la ética de la libertad y la no agresión hasta el punto de que muchos llegarían a editar a Goebbels diciendo que lo hacen por puro altruísmo libertario y poniendo como excusa que ya se encargaría el mercado de demostrar, con sus pocas ventas, la escasa calidad del literato. Hay quien parece abogar por la despenalizción de la apología del terrorismo. Con semejante revoltijo la tortilla sale bien regordeta y cuajadita. Yo ya no puedo llamar a determinadas personas liberal sin torcer el gesto, hasta duele la mentira en la garganta. No sé lo que son (¿mezcladores? ¿productos de la necesidad de respuestas fáciles? ¿simples amanuenses de lo primero que les conecta una neurona?), pero por simple honestidad intelectual miremos con cierto ángulo de reojo y boca fruncida que esconde una carcajada tras una risa burlona al leerles que son liberales. Muchachada Nui.

Así, no sorprende cuando alguien afirma que otro tiene el perfecto derecho describir a una víctima del terrorismo como un «puto cerdo», celebrar su asesinato, pedir más sangre… mientras ese otro no toque a nadie. No sólo se puede ser, como ya sabíamos, homófobo y liberal (simplemente odiando homosexuales pero sin querer matarlos) o racista y liberal (aplicando el mismo criterio). Ya no sólo aceptamos que las ideas personales no tienen consecuencias en las relaciones con los demás (y mira que costó aceptar esto…). Ahora vamos a ser defensores del Gara. Abogados de HB. Sin metáforas, directamente. Es tal el grado de candor que seguramente enviaría al paro a toda una plantilla de jovenzuelas princesas de cuentos de hadas clásicos y modernos. Si hasta tienen la solución a estos comportamientos:

Eso sí, si luego las familias de las víctimas de ETA les insultan por la calle, que se jodan.

Fonseca, De lo imaginario vol. 526

He llegado a la solemne conclusión de que debo sin duda ser de otro planeta. No creo que seamos productos de la misma evolución.

21.05.08

Alfredo tiene razón (II)

… o la horma en el zapato ancap

Si echamos juntas en una coctelera las dos últimas entradas nos llevamos sorpresas. Recordando…

En una sociedad liberal cualquier tipo de utopía es realizable, por irrealizables o inusuales que parezcan y siempre que la participación en estas utopías se base en el voluntariado.

Imaginemos (que ya se las trae) una «sociedad liberal» basada en la ética de la libertad. Como ya debéis saber todos (!) esa ética consiste en la voluntariedad de las acciones y la no agresión (a mí me sigue recordando a la aldea pitufa, pero vaya). Dentro de ese marco, cualquier utopía es realizable, siempre que los integrantes utópicos sean voluntarios. El otro día, Mario García exponía un sencillo razonamiento que nos habla de lo endeble de la idea ante la realidad de la maldad humana (que existe).

Alfredo vuelve a tener razón: no se puede prometer el oro y el moro de la libertad, que «en presencia de libre voluntad todo es posible» y luego escandalizarse cuando él afirma que, en uso de su libertad y de su voluntad, de acuerdo a sus conciudadanos, en unanimidad, prefieren que los ateos no puedan entrar en su pueblo (sí, sí, habla de destierros en base a creencias), o que los homosexuales no puedan tener relaciones carnales en su condado. Si en una «sociedad liberal» todo está permitido siempre que sea voluntario, también lo están las asociaciones de este tipo y con esos fines.

¿En base a qué principio se impide a un grupo, dentro de una «sociedad liberal», que imponga dentro de sus propiedades la discriminación sexual, racial o de cualquier tipo? En base a ninguno, y sería hipocresía ahora rasgarse las vestiduras. No me costaría mucho buscar ciertos enlaces de hace unos meses donde, en un marco perfectamente teórico, se argumentaba que era perféctamente legítimo que un comerciante no dejase entrar a determinada clientela por su sexo o raza. Sí, meses antes de que Alfredo llegase a Red Liberal. Un poquito de coherencia, que os están poniendo un ejemplo directo de aplicación de la libertad para un fin legítimo (según, claro, vuestro marco conceptual) y os cubrís de ceniza.

Alfredo tiene razón porque utiliza un concepto fuerte (lo utiliza mal, pero eso es culpa suya). Con respecto a la homosexualidad, Alfredo asume que, dado que las relaciones homosexuales, según sus datos (??), provocan un mayor gasto sanitario (???) la sociedad tiene derecho a protegerse de ese despilfarro o privatizando el sistema o, en el peor de los casos, conteniendo la actividad responsable del «malgasto». Es un argumento que tiene su punto, una ligera razón: existen conductas negativas (según diferentes baremos), y la sociedad tiene derecho a protegerse de ellas. Este, su argumento, es de facto el que permite librarnos de él y dar la estocada final al ancapismo.

La ética de la libertad no puede luchar contra el iluminismo religioso, sino que coherentemente debe respetar los derechos de propiedad de los fundamentalistas, aunque en sus propiedades se porten de la manera más antiliberal y consentida que imaginarse pueda. El ancap ha decidido atarse de manos a la hora de opinar sobre el carácter de los actos ajenos en sus legítimas propiedades (¿he oído que se ha expulsado a alguien de Red Liberal?), así que si el fundamentalismo se expande y rodea al ancap lo único que este puede hacer es apelar a su propia libertad (y echarse a temblar). Lo risible será que en serio esperará que el reaccionario la respete. Iluso. Así pues, la iluminación (religiosa, política, racial) es la horma del zapato ancap. Cuando la gente «mala» se une, no hay derecho de no agresión que valga ni jueces pactados posibles. Y «mala» entre comillas no porque no sean moralmente despreciables (que lo son) sino porque son moralmente despreciables y muchas veces sinceros convencidos.

A ver si una vez enfrentados al espejo de su némesis empiezan algunos a poner los pies en el suelo. Porque, como decía, el concepto es fuerte, y real: la sociedad tiene derecho a protegerse de lo que la perjudica. Como el terrorismo. Como la publicidad engañosa. Pero si las ideas de los demás son un tema peliagudo (hay ideas objetivamente malas, el problema es qué hacer con ellas), respecto a lo que hace cada uno en su cama no debería haber problema. Es ahí donde usa mal Alfredo el argumento, generalizándolo a una posible intervención de toda la actividad humana y entendiendo la privacidad (como le pasa con la libertad de expresión, que interpreta como ¡una ofensa al cristianismo!) como permanente ataque a sus divinos principios. Representa Alfredo el extremo contrario a la permisividad hacia todo, ncluído lo que puede terminar con esa misma permisividad.

No es de extrañar que ambas concepciones, la excesivamente permisiva que no tiene poder para contrarrestar su propia destrucción, y la excesivamente prohibitiva que no puede evitar la disidencia, tengan tan pocos acólitos, y menos aún fuera de sus textos escolásticos y proféticos. En el Mundo Real las personas huyen de ambos. Por buenas razones, además.