…o cómo ser coherente y dejar de hacerse pajas mentales que nadie puede tomar en serio…
…o cómo terminar de una vez la guerra en Red Liberal.
En política, lo que siempre se ha llevado es tener adversarios delante y enemigos al lado. Stalin y Trotsky, González y Guerra, Aguirre y Gallardón… Las parejas son interminables. Imagínese usted si habláramos de grupos. En la izquierda sabemos mucho de eso. En Red Progresista tenemos comunistas, socialistas, militantes de IU, pragmatistas (o realistas que tienen presente la ley de la gravedad), y más gente que sinceramente nunca enlazaría… Vaya, que tenemos más familias que las listas del exilio hebreo en Babilonia. Siempre nos ha gustado hacernos sangre. En mi opinión, porque el término «izquierda» es tan amplio que, considerándome de tal cuerda, comparto etiqueta con gente con la que casi nada tengo en común. Incluso me atrevería a decir que la izquierda como etiqueta no es sino un sentimiento sin identificar, como un diamante sin pulir, como una ley oral que se resiste a ser escrita. En una palabra: muchos son (o somos) de izquierdas porque pensamos que ser de izquierdas significa algo que nos aplicamos, pero no tiene por qué coincidir con lo que otro crea que es ser de izquierdas.
Una vez que se admite esto, es muy divertido ver cómo en la casa de enfrente se tiran (con mucha educación, o amenazando con un par de guantás, que de todo hay) los trastos a la cabeza sus corrientes internas. Algo por otra parte previsible cuando juntas a quien defiende el secuestro judicial de una revista por injurias a la corona con quien piensa que el Estado es un enemigo que debe desaparecer, y con quien defiende la Nación como concepto que dota de contenido un Estado que no debe desaparecer, y con quien dice que España se la suda, y con quien quiere (y a mi juicio, con perspectiva temporal, se queda corto) ser radical… y así hasta el infinito. Uno se da cuenta de que el término «liberal» sirve en la Red española para englobar a todo el pensamiento anti-izquierdista, y uno comprueba que incluso los que no son rematadamente anti-izquierdistas en ese sitio se complacen de tener compañeros que sí lo son. Ya dije en una ocasión que lo que más me choca de la liberalidad en Red de este país, presunta adalid de la libre competencia y la iniciativa privada, es que su Red estrella se basa en un cabeza que administra la web y elije quién está sindicado y quién no. No hay innovación, no hay inversión humana (material creo que por ahora sí, pero vaya, me importa poco) en desarrollar nuevos proyectos que den a conocer su ideología. Por una Red que se llama liberal hay al menos tres o cuatro significativas de izquierdas. Y también me choca que no haya una red liberal de izquierdas… Será cuestión de ponerse, aunque debo espaciar más mis nuevos proyectos…
Ya en situación, en Red Liberal tiene lugar una guerra soterrada que se atisba por las escaramuzas que nos dejan ver. Uno entrevé que en algún lugar alejado (véase lista de correo o similar) deben darse las batallas que no vemos. Y pueden diferenciarse los bandos de la guerra con una simple regla: están los liberales partidarios de un Estado mínimo, y los anarcoliberales (o anarcoqué en despectivo) que quieren desmantelarlo. Me siento ideológicamente mucho más cercano a los primeros (de los que me diferencia sobre todo y en la mayoría de los casos el hecho de que yo no baso mis principios en «leyes naturales» autoevidentes, por escéptico que es uno), por lo que les brindo mi inmensa inteligencia para dotarlos de un argumentario contra sus camaradas. No sean muy duros con ellos. No son más que la traducción equivocada a la política de los geeks que gustamos de la Ciencia Ficción literaria.
La propuesta es bien sencilla: pedirles a todos sus anarcoliberales vecinos que hagan el j**ido favor de ser coherentes con sus palabras. Veamos algunos ejemplos.
Un anarcoliberal no puede tener nada en pertenencia en España. No, no es una contradicción. Un anarcoliberal sabe que algo es suyo, no necesita de papeles estatales para corroborarlo. Esto le genera problemas, claro está, pero sus principios en defensa de la libertad son inamovibles. Un anarcoliberal, razonando fácilmente, no puede comprar nada en España. Así, tiene el problema de la posesión resuelto: puede decir que todo lo suyo es suyo, porque de hecho nada lo es. Y un anarcoliberal no puede comprar nada en España… porque todo lo que se vende en este país viene gravado con un impuesto estatal. Bueno, no puede comprar casi nada. Un anarcoliberal nunca colaboraría al robo estatal voluntariamente (afortunadamente, es un héroe de la libertad y puede elegir morir dignamente de hambre), por lo que puede robar o estraperlar. Lo primero es contrario a su concepto de propiedad privada, luego es inviable (antes muerto que contra mis principios, dijo un anarcoliberal en los huesos al lado de un campo de melones). Lo segundo es interesante. ¿Puede vivir alguien a base de hachís y oro falso? ¿Hay un mercado negro oculto que no conozco de bienes de primera necesidad y yo sigo pagando IVA? ¿Venden besugos o tomates en la esquina oscura de las afueras de tu pueblo?
Si usted conoce a un anarcoliberal que compra en El Corte Inglés, en el Carrefour o en el Día, ya puede usted gritarle que es un incoherente a la cara.
Un anarcoliberal no puede firmar un contrato de trabajo tal y como éstos existen en España. Un anarcoliberal debe pactar con su patrón su salario y las prestaciones de su trabajo (seguro médico, vacaciones…) en libertad, y no restringido por una legislación arbitraria. No quiero decir con ello que deba aceptar cualquier trabajo malpagado sin contrato de los que abundan en España, esos los ocupan los currelas de izquierdas y él seguro que, tan leído y versado en filosofía natural como para justificar su sistema en base al mito del buen salvaje, puede aspirar a algo más. El problema no va a venir de qué trabajo tenga que aceptar, sino de qué trabajo le van a ofrecer. Ya lo adelanto yo: ninguno. ¿Cómo? Vaya un salto mortal, parece ser… No. Un anarcoliberal no dispone de conexión eléctrica ni acuática en su casa (caso de tener una por lo explicado antes) porque contratando esos servicios a una empresa que pueda dárselos en España tiene que pagar impuestos derivados. Él quiere una empresa de luz o de agua que no le meta en la factura ni el IVA ni el impuesto de basuras. Pero desgraciadamente no la encuentra. Así que ya me dirán ustedes en qué empresa van a contratar a semejante ser sin duchar y que lleva sin comer caliente meses, años, la vida entera.
Si usted conoce a alguien que se llena la boca en la Red hablando de coacciones estatales y de acuerdos voluntarios entre cabaleros mientras tiene un puesto de funcionario o un contrato con cualquier empresa, o siquiera se ha declarado legalmente autónomo, grítele en la cara que es un incoherente.
Previsiblemente, usted no podrá discutir con un anarcoliberal en la Red, porque todo lo necesario, desde el ordenador hasta el servicio de ADSL, pasando por la electricidad, paga impuestos. Él, en todo caso, usa mensajes en botellas. Botellas que encuentra por ahí, atiborradas de miles y miles de hojas de anotaciones de IKEA, rellenas a lápiz (también de IKEA) mostrando las bondades del anarcocapitalismo. ¡Qué gran empresa, IKEA, que les proporciona lápiz y papel de manera gratuíta y, por tanto, no gravada por impuestos! Usted seguramente no ha notado que su ciudad está llena de esas botellas. Sea más observador. Quién sabe si no encontrará un nuevo Hayek que publica sus disquisiciones economico-politicas en formato patrocinado por los suecos del móntese usted su cocina.
Si conoce algún internauta haciéndose pasar por anarcoliberal, grítele en su sitio que es un incoherente y mándelo a rellenar hojas de IKEA.
Si un anarcoliberal tiene la suerte de que alguien (papás, novia, yo qué sé, el mundo es grande…) le compran un coche (él no preguntará cómo o dónde o si ha pagado impuestos, eso es entrometerse en su privacidad y pasando hambre como está tampoco tiene que sufrir por la quiebra de sus principios por parte de otros), por supuesto no contratará un seguro de coche. No porque no esté de acuerdo con la necesidad racional de tener un colchón que cubra daños que puedas causar a terceros sino poque su reacción a la represión estatal es actuar contra lo que el Estado imponga. No en vano a los impuestos para redistribuir riqueza los llama «robos», no porque él no sea solidario, sino porquen los impuestos son obligatorios. Su reacción es decir con la boca pequeña que deberían hacer huelga fiscal.
Si usted conoce un anarcoliberal, después de gritarle que es un incoherente a la cara por hacer la declaración de la renta, grítele a la cara que es un incoherente por contratar el seguro de coche obligatorio.
Un auténtico anarcoliberal debe ser coherente o aceptar lo difícil que es lo que propone si no está dispuesto a asumirlo en persona hasta sus últimas consecuencias. En los sitios de derechas se suele tachar a los pacifistas como yo (esto es, pacifista por principios) de ingenuos y nos invitan a irnos a vivir a lugares en conflicto para probar nuestro pacifismo. Los anarcoliberales están en el lugar adecuado para plantear esa misma resistencia que nos invitan a padecer. En vez de tener que ir a Palestina, ellos simplemente tienen que dejar de aceptar tratos comerciales en donde el Estado intervenga, tratos sociales en donde el Estado intervenga o tratos de cualquier tipo en los que el Estado intervenga.
Si una tía segunda fallece (lo lamento), un anarcoliberal sabe qué es lo que le corresponde en herencia según sus deseos. Pero no piensa pagar el impuesto de sucesiones. Cuando vaya a su flamante nueva casa en la costa y vea que legalmente (esto es, estatalmente) está okupada por terceras personas, puede usar su fuerza física para echarlos. Están en su legítima propiedad, después de todo.
Si conduciendo el coche de dudoso origen huyendo de la represión estatal en forma de sirena de policía de stablishment partitocrácico por haber dado una legítima paliza al par de alemanes sexagenarios que habían robado la casa de su querida tía Mary, o Mandy, qué más da, tiene un golpe y, al no tener seguro, el otro conductor le denuncia y vienen los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y le llevan a un tribunal estatal para juzgarle según leyes estatales… y encima le condenan en una cárcel estatal… siempre puede apelar al Tribunal de los Derechos Humanos y decirles que oigan, que tengo derecho a mi propiedad y el Estado no es quién para imponerme ni impuestos, ni normativas de seguridad, ni modelos de contratos que exigen limpieza… a no, eso quien lo exije es el empresario.
Seños anarcoliberal, sea usted coherente, baje usted de su mundo ideal de nubes no-olor y ponga los pies en el suelo. No pretenda que no nos damos cuenta que mientras predica sobre los acuerdos voluntarios entre caballeros usted hace la declaración de la renta como cualquier estatista. No nos dé a entender que miente cuando defiende con tanta vehemencia las consecuencias peculiares de su divagación pseudo-teológica de la libertad pero no es capaz de asumir las consecuencias cercanas y evidentes (algunas de ellas expuestas arriba).
Señor anarcoliberal, o es usted un mentiroso o un incoherente. Sea valiente. Demuéstrele usted al mundo que ya va siendo hora de que en La Haya prohiban los Estados porque son contrarios a mi derecho natural a la libertad, así, en abstracto.
O algo así.
















