Hay otro modo de ser. Otro modo de actuar, de pensar y de relacionarse. Un modo que huye de dogmas y de puntos finales, que siente curiosidad por todo pero no se acerca a nada con ideas preconcebidas. Otro modo de moverse, de imaginar y de colaborar.
Hay otro modo de hacer política, que no se fija tanto en las etiquetas como en los contenidos. Que tiene clara la diferencia entre medios y fines. Que es capaz de renovarse y no morir cuando la realidad se empeña en no adaptarse al propio marco idealizado.

Hay otro modo de ser progresista. Volviendo a los orígenes de la Izquierda: internacional, liberal y laica. Humanista. Que actualiza sus medios para alcanzar sus fines en vez de intentar aplicar ideas del siglo pasado a la sociedad del presente. Que cree que es posible cambiar la sociedad a mejor, pero sólo cuando las personas que la forman lo elijan. Que confía en el potencial humano pero es consciente de la existencia del mal. Que no trata de agradar a todos porque tiene muy claros sus principios.
Hoy embarco hacia Siracusa 2.0. Que los vientos nos sean favorables.
Y la Historia algunos hijos de la gran puta como tú, que mienten gratis y sin que nadie les enmiende la plana, progres de mierda que vivían, o viven del Franquismo y que ahora dan lecciones de rojos cuando lo único rojo que tienen es la punta de la polla si es que se la notan; aparte de hijos de puta, ya se han encargado de que no se supieran vía LOGSE, lo que cualquier semianalfabeto puede leer. Por eso la gente vota lo que vota. Estoy esperando la DENUNCIA.
H, se refiere a mí
Repasando mis estadísticas veo que ayer tuve unas cuantas visitas que me llegaban de este sitio, y la verdad es que hacía tiempo que no me descojonaba tanto al leer a alguien enfadado. Parece de verdad muy enfadado, y parece que lleva enfadado ya algún tiempo.
Te lo explico por última vez, H, cari, que pareces algo lento. Insúltame lo que te dé la gana («comunista», «chekista», «hijo de puta») que a mí no me importa. Pero ten los santos huevos de venir a mi casa, donde tenga acceso a tu IP, a acusar de prevaricación a un juez o de complicidad en asesinato terrorista a personas concretas con nombre y apellido de nuestros CyFSE.
Déjate de victimismos inútiles y échale cojones. Ánimo, machote. Sé como tu ídolo.
Mientras tanto, sigue con este estilo. No veas el favor que me haces.
Y lecciones, las justas. No se trata de libertad de expresión, sino de decencia y Ley. Curioso que tenga que venir un rojo a explicaros qué son ambas cosas.
Anda y hazle caso a ese comentarista que te recomienda…
Utilizar expresiones insultantes y atroces a granel - qué bien se queda uno, la verdad-, pero usando términos en desuso, arcaísmos, etc
Dhavar, sopesando razonamientos y sacando conclusiones racionales
Son como niños. Tal vez, a tenor de su estilo literario y esa manía de acusar de logseros a los demás, sin el como.
Hace algunos años, cuando uno no navegaba principalmente por el mar político de la Red sino por las maravillosas aguas del exterior, di con una persona que consiguió fidelizarme como lector. Nada serio, simplemente diversión y frescura, apuntes diarios de una vida normal. Y lejana en el espacio, que no en el tiempo. Una persona que, por azares, desapareció de la Red pero que, para mi sonrojo y sorpresa, mantiene ese vínculo basado simplemente en habernos leído durante unos meses con cariño.
No sabría decidir con exactitud cómo etiquetar políticamente a esta persona. Siempre he creído que estaba ideológicamente cerca del Partido Popular, pero nunca me ha importado demasiado que fuera más conservador que yo. Tampoco ahora. Porque da gusto leer los puntos de vista ajenos cuando se exponen sin atacarte, sino en positivo. El caso es que he recibido hoy un correo de su parte (que evidentemente edito):
Al final la realidad me ha hecho cambiar el sentido de mi voto. Empezó la campaña y no fue a la pegada de carteles nadie de Ciudadanos. Los de Rosa Diez si aparecieron y la candidata me pareció flojita. [...] no me convenció, pero en fin, de lo que había era lo mejorcito.
De repente me crucé por la calle con un coche naranja, aparecieron carteles por la ciudad y me dije “estos se empiezan a mover”. Luego me llamaron, me dieron un link [...] , he conocido al candidato…me han dado el programa (como me pediste) y oye, que me he convencido. Cojo aire. Me parece un pograma valiente. Sé que no saldrán por [...], pero lo veo más util que el voto en blanco. Además, que por primera vez voy a votar algo que me gusta bastante, asi que si ves en [...] 7 votos a C’s , el mio será uno.
Cuidese caballero, pronto nos vemos por los ciberlares
Hace poco leía en los comentarios de alguna casa de las que visito (lo siento, ese enlace se me ha escapado) a alguien pontificar que nadie se leía realmente los programas electorales de los partidos. Nos hemos acostumbrado a que esos panfletos sean palabras al viento, no ya de incumplimientos de promesas, sino poque su contenido es vacuo de facto. Buenas palabras pero ninguna concreción. Algo que choca profundamente con la extensión física de los mismos. Sin embargo, cuanto más pequeño es el partido más concreto es su programa, más preciso lo que defiende y más claro su ideario. Tres días tardé en terminar de leer a conciencia el programa de C’s. Tres días de sorpresas y de suspiros esperanzados al leer lo que mi sentido común me dice que es él mismo.
Nunca he sido habitante de Equidistán. Estoy francamente enfadado de que el Partido Popular presente a los mismos candidatos que me mintieron esos tres días de marzo. Exactamente los mismos candidatos, con las mismas ideas, las mismas propuestas, las mismas mentiras y la misma prepotencia que han ido desarrollando, en vez de menguarla, durante cuatro años vergonzosos. Deseo con todo mi ser (lo que excluye el alma) que pierdan votos a decenas de miles, centenares de miles, y toquen fondo electoral. En realidad, soy tan malvado que lo que les deseo es que se den cuenta de lo que han hecho y sientan la culpa en su interior, pero eso tal vez sea pedir demasiado.
Tampoco rompo yo con Zapatero. No soy un votante socialista desencantado con el cejas. De hecho, sólo he votado socialista una vez de las dos que he podido, así que no siento que esté fallando a alguien. Hay quien se equivoca al pensa que el PSOE nos usó, a los desencantados del aznarismo, como ariete elecoral: es justo al revés. Nosotros usamos a Z como punta de lanza para romper el rodillo pepero. Z no me ha fallado porque ha ido hasta donde confié que podría ir. Por eso le voté, por eso me alegro de haberlo hecho. Ha intentado conseguir la paz, y se lo agradezco. Ha reconocido legalmente derechos de igualdad sin segregación por motivo de orientación sexual, y se lo agradezco. Ha desarrollado una política exterior propia e ilusionante, en vez de seguir a terceros sin atreverse a criticar sus ideas por seguidismo, y se lo agradezco (aunque no comparta algunas de sus lineas maestras). Ha intentado convertir a los alumnos en cuidadanos contra la clásica reacción, y se lo agradezco. Hasta ahí hemos llegado, amigo Zapatero, pero en el resto del viaje necesito otros compadres que me quieran acompañar.
Decía antes que deseo con todo mi ser una debacle popular este domingo. Pero para que eso se produzca no necesito votar socialista. La falacia de la bifurcación es, en este caso, más falaz. Para que el PP pierda votos debe perderlos, si se me acepta la obviedad. Para que eso se produzca deberíamos leer menos eso de que «el objetivo es desalojar a Zapatero de la Moncloa, lo que tengamos que limar del PP ya lo haremos cuando gobierne», frase reproducida hasta la saciedad en muchos ambientes pero que de sectaria asusta. Cuando la izquierda pide para España otra derecha no lo hace (no siempre) para mantener la tensión del eje viva, sino porque en efecto nos escandaliza no que sus dirigentes pertenezcan a lo más granado del sectarismo conservador eclesiástico, sino que esas pertenencias se dejan notar en la manera en que quieren organizar lo público. Porque no entendemos cómo, si nosotros le dimos la patada a González cuando debimos dársela y no aceptamos al primer monigote que intentó sustituírle, ellos no quieren hacerlo, y manitenen a los responsables de lo peor que hemos visto en nuestra vida política (suerte del que aún no es treintañero). Nos gusta fantasear con escisiones en el partido monolítico que dice que dice lo mismo en toda España pero nadie le cree ya, que cierra bocas de manera autoritaria, que desmiente al disidente, que es rehen en suma de trepas.
Y sin embargo esa misma izquierda se echa las manos a la cabeza ante la fragmentación en sus filas, cuando por esos mismos motivos se ha producido. C’s nace porque la izquierda en España ha perdido el norte en determinados asuntos, porque se ha enquistado en postulados de buenas intenciones dejándose en el camino fundamentos, porque prefiere sentir a pensar, contentar a convencer. Con el PSOE hemos avanzado mucho en esta legislatura en aspectos sociales importantes (que deben desarrollarse en el futuro, como por ejemplo la manca y pobre Ley de Dependencia que simplemente abre un poco una puerta), y corremos objetivamente el riesgo de volver atrás si Rajoy se impone. Pero no me preocupa (tanto) que saque más votos que el PSOE (será extraño, pero no creo que si gana el PP se acabe el mundo: en 4 años podemos darles de nuevo la patada), sino que mantenga todos los que tiene con esas propuestas. Lo que me ronjora es que los liberales decidan apoyar un programa xenófobo y nacionalista, máxime cuando sí hay alternativas.
Hay alternativas. Para los que reniegan del bipartidismo de derechas o de izquierdas. Hay alternativas que, por minoritarias, son más directas y con los pies en el suelo, no tan necesitadas de contentar a demasiados (verdadero problema de los dos grandes). Hay una alternativa laica pero respetuosa con las creencias; que cree en el Estado del Bienestar pero bien gestionado; que cree en las personas y no en los teritorios, pero no impone identidades culturales a nadie; que está orgullosa de la variedad lingüística de su Estado, pero no hace guerra de los idiomas que sabe hablar; que propugna la responsabilidad de cada uno respecto a su cuerpo, pero pretende que todos tengamos elementos de juicio antes de decidir.
Hay alternativa. Se puede votar con ilusión, en positivo. IU existe, UPyD existe, C’s existe. Se puede porque los ciudadanos se han echado al Parlamento a decirles a los políticos que va siendo hora de dejar la lucha (bi)partidista y hacer cosas reales. Se debe porque intentan engañarnos con el significado de la palabra «útil»: ese voto sólo es tal si sirve para transmitir tus ideas políticas en positivo.
Vamos a ser pocos, unos puntos repartidos por la piel de toro, todos levantando la voz y clamando que somos ciudadanos, que tenemos un proyecto real, palpable, de cómo queremos que sea España: liberal y progresista.
Si tú también quieres sentir esa liberación de votar algo que sí te convence, que sí representa lo que racionalmente crees que deben ser las bases de la convivencia, tienes una ocasión inmejorable el domingo. Todavía estás a tiempo de leer este programa y quedarte sin aliento.
¿Te atreves?
Se acumulan, así que mejor despacharlos en parejas.
Round 1: Dí que este no es un mal blog, de parte de Luis
Pasando por alto el detalle de que se me compare con mi queridísimo Smith (sorry, Luis, pero comprenderás que resalte ese comentario), la cosa va de recomendar cinco sitios que lees y decir, claro, que no son malos blogs.
Este meme lo termino rápido: échale un ojo a mi BlogRoll. Yo no leo malos blogs. Cada enlace de mi BlogRoll (y en el nuevo SiteRoll) tiene su razón de ser y ninguno está puesto al azar. Me ahorro, por tanto, pasarlo a nadie.
Round 2: El meme definitivo, el meme antimemes, de parte de Manolo Millón
Este es algo más interesante, pues tienes que dar al menos una razón por la que los memes te parecen absurdos un coñazo de cojones, y pasarle el muerto a otros. Me niego a lo último, y a lo primero: al trapo:
1. Porque siempre terminas pasando los memes a las mismas personas, de tu grupo más cercano.
2. Porque en los memes no se suele preguntar nada interesante (¿a quién le interesa la cuarta palabra de la página 123 del libro más cercano a la puerta de la calle de la casa de mi novia?) aunque pretendan hacerlo.
3. Porque sigo pensando que son simples permutaciones de pageranks e indicadores de enlaces varios.
4. Porque casualmente cuando he descubierto un nuevo sitio y lo he añadido a mis lecturas nunca ha sido gracias a un meme.
5. Porque yo no participo en la Red para hacer amigüitos sino para aprender y enriquecerme (y si alguien aprende y se enriquece con mi aportación me llenará de orgullo).
6. Porque soy un antisocial y un misántropo.
7. Porque si no respondes a los dos días se te termina pasando y piensas que eso es cuando menos un acto de poca caballerosidad, cuando ese pensamiento es lo más absurdo que ha parido neurona.
8. Porque pasado el primer momento egórico de recibir un meme, los puntos 1 a 7 hacen acto de presencia y le quitan todo el brillo a la cosa.
9. Porque para dar el coñazo (Manolo dixit) prefiero que me lo des con algo que me suponga un reto intelectual mayor que intentar ser gracioso un rato.