El Destino del Iscariote

Lookin' for someone to betray...

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08.04.08

Nova

Ayer me descubrí boquiabierto contemplando la Luna recién estrenada. Sólo un filo, un arco diminuto de luz reflejada, siquiera un cabello cano flotando en el aire. No soy el primero que se embelesa con la Luna entre los de mi especie, ni pretendo ser el último, el mejor o el más poético. Quisiera ser el inhumano: es curioso cómo el ideal de belleza que representa nuestra Luna se impone a su carácter frío y rocoso, real y palpable. La Luna sigue siendo poesía en vez de presente. Somos animales pensantes, poco más.

Otras veces miro mucho más lejos, mucho más rápido, y me hago las preguntas fundamentales: quién, qué, cómo y por qué. Siendo autorreferidas, el cuándo y el dónde resultan secundarios. Las tres primeras cuestiones parecen fáciles de responder siendo consciente, responsable y coherente. La pregunta final, la importante, es la compleja.

Muchas veces dejo la Luna empequeñecer a lo lejos y continúo mi camino, y cuando miro atrás veo hormiguitas debatiendo en el Foro de la Polis acerca de la mejor disposición del hormiguero, y recuerdo que yo también tengo antenas y muchas patas. Pero las señales químicas me indican que estoy fuera de órbita en estos momentos, en una balsa de silencio, esperando ver la Nova en el cielo.

A pesar de que no sopla ninguna clase de viento desde hace meses, la mar sigue necesitando faros para demarcar las islas de reposo. Su luz te puede envolver y provocarte escalofríos que duran días, semanas, meses. Años. Remas en silencio, dialogando en soledad a la luz del faro. Es curioso que en esos momentos el Universo sea un remo, cuando al Universo realmente ese remo se la trae sin cuidado. Cada vez que caigo en esa cuenta suena un click y me apago.

No puedo evitar desconectar. Hay silencios que simplemente quieren decir que no hay nada interesante que decir. Que lo dicho fue necesario, pero es irrelevante a la escala que me gusta usar. Una escala en la que nada puede dolerte porque nada importa al final. Mi escudo. Lo alzo de vez en cuando. A veces, cuando el resplandor es demasiado fuerte y te duelen los ojos, tienes que levantarlo y acurrucarte debajo en silencio, como si estando quieto te volvieras invisible. Pero lo único cierto es que si estás quieto no te mueves. No defraudas, no fracasas, no te duele… pero te petrificas.

Me llegan otras señales al radar. Un compromiso inacabado, de la mano de un vendedor de espuelas realmente bueno; algo que debo concretar en breve. Hay otra marca de las que acostumbro a malinterpretar achacándolas a un error de balización, pero que promete. Si no estalla ninguna estrella, tendremos fuegos artificiales. Elijamos los colores y la composición.

Tengo 24 horas para bajar de mi nave espacial, poner los pies en la Tierra y contemplar esa preciosa Nova en el cielo, mientras la Luna recién estrenada corre a su Cuarto Creciente. Quizás entonces entone una plegaria triste y descreída sobre la soledad del viajero que, porque no sabía hacer otra cosa, se empeñaba en viajar en soledad.

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