Hace un tiempo les contaba lo que representa para mí la idea de «nación»: un muerto que quitarse de encima. Yo asentaría un nuevo edificio sobre su tumba, una estructura de convivencia basada en los Tres Pilares (a saber, Libertad, Igualdad, Fraternidad) acotados por los Derechos Humanos.
Desconfío profundamente de los que tienen una única Verdad y fundamentan todo en ella, ya sea una fe de libro, un ideal político o un principio solitario y absoluto. La Geometría básica nos enseña que, en contra de lo que muchos suponen, una mesa de tres patas es la más estable (mucho más que una mesa de una o dos patas, sorprendentemente más estable que una de cuatro). Pero no nos pongamos cabalísticos.
Tengo una hipótesis. Es una idea feliz que no he corroborado empìricamente ni históricamente, pero que me parece interesante. Es un divertimento geométrico-político para abrir el debate.
Aún para un relativista nato como yo, es posible intentar cuantificar los valores que representan esos Tres Pilares. Uno sabe casi automáticamente que la Libertad en la España actual está muchos enteros por encima de la que se disfrutaba allá por el siglo XV, o la que existe actualmente en Birmania. Los sistemas políticos predominantes en Occidente protegen la Igualdad de los ciudadanos, algo impensable no ya en el medievo sino en la mayoría del mundo actual. Los Estados y su burocracia redistributiva tienen como objetivo garantizar la Solidaridad, y aunque lo hagan bastante regular (siendo muy generosos) disfrutamos de beneficios (sanidad, educación, subsidios de desempleo) que en otros sitios ni sueñan. Quede pues aclarado que Solidaridad equivale, en este texto, a redistribución (en tanto es solidaridad «social», no «visceral» o «tribal»).
Haciendo uso de esta cuantificación, os invito a usar vuestra imaginación y memoria. En el gráfico de la izquierda, se muestran tres ejes que corresponden a los Tres Pilares marcados con su inicial (L=Libertad, I=Igualdad, S=Solidaridad). Mi hipótesis es que, de algún modo, el volumen delimitado por el origen y los distintos valores asociados a cada Pilar (coloreado en azul) es practicamente invariable si no movemos todas las variables a la vez y en la misma dirección. Por tanto, cualquier aumento de cualquier variable que no vaya acompañado de un aumento equivalente de todas las demás conduce al desastre: a la perversión del aumentado y a la negación del desechado.
Pensemos por ejemplo en una aberración. Una ideología que haya pervertido la balanza de un Pilar. Pensemos en el comunismo de la URSS y en su Igualdad y su Solidaridad mal entendidas. Imponer Igualdad supone negarla: quien impone de hecho está por encima de los iguales. Imponer Solidaridad al estilo URSS supone también negarla: es imposible contibuir a la redistribución de la riqueza si nadie puede poseer riqueza salvo una estructura supra-personal dirigida por un grupo de gurús. Y ahora apliquemos el principio. Aumenta la Solidaridad, aumenta la Igualdad, pero no la Libertad. Por tanto, Igualdad y Solidaridad se desvirtúan, se pudren. Además, el volumen acotado por el origen y los valores de L, I, S es invariable porque L no se ha mejorado, con lo que debe menguar. Así, si I y S aumentan, L debe disminuír. A nadie debe sorprender que se concluya que el régimen comunista soviético no tenía mucho apego a la Libertad.
¿De qué me sirve todo esto? Bueno, a primera vista me dice muchas cosas. Por ejemplo, que una ideología basada exclusivamente en la Libertad y la Igualdad (presupuestos básicos del liberalismo más pelado) es un error, porque al no desarrollar una conciencia social de redistribución (esto es, de Solidaridad) las distinciones sociales basadas en poder económico se acentúan. Sin olvidar que según el principio aplicado antes, Libertad e Igualdad se pervierten sin Solidaridad.
¿Y a qué se debe todo esto? No tengo ni idea, es sólo un juego multidisciplinar. Pero si te ha hecho pensa un rato, me doy por satisfecho.


















