A favor de la moderación salarial (y II): contestando a Citoyen
En un post reciente hice una de mis habituales chanzas sobre la sacrosanta “moderación salarial” y sus peculiaridades. Citoyen criticó dicho post, aportando algunos enlaces que me recomendó leer sobre el tema (todos menos uno eran de Egócrata).
Y después de las lecturas recomendadas de Citoyen viene mi contestación sobre el tema de la “moderación salarial”.
Son dos páginas de word: avisados quedáis antes de seguir leyendo…
Antes de nada hay que situarse en dónde estamos y de dónde venimos. Hemos pasado un período de en torno a 10 años en el cual el poder adquisitivo ha ido descendiendo. O dicho de modo más claro: la mayoría se ha hecho más pobre. Y una minoría se ha hecho espectacularmente más rica.
Esto, me temo, no son impresiones marxistas o comunistas, son los malditos datos. Podemos pensar que el sueldo medio ha sido el mismo 10 años mientras el total de dinero circulando es inmensamente mayor y a la vez creer que hay más igualdad, pero no se me ocurre ninguna manera, la verdad. Por fuerza ha aumentado la desigualdad.
Una vez tenemos el contexto podemos quizás entender el porqué la subida de sueldos de los ejecutivos es desmadrada. Señores, si este país crece económicamente no es únicamente gracias a nuestros formadísimos (ejem) ejecutivos, como parece deducirse de que sean los únicos, junto a los empresarios, que salen beneficiados del pastel. Los trabajadores también tienen que ver. Algo deberían recibir. Algo han hecho, creo. OK, ellos toman más responsabilidades y deberían recibir más, estupendo. Pero abajo debería gotear algo. También el currito medio ha contribuido al crecimiento.
¿Subir sueldos por decreto? ¿hacer una reforma del mercado laboral? No sé, yo a tanto no llego. Lo que sí sé es que este rumbo no es justo. No, no me creo que sean un 20%-30% más productivos que el año pasado. No, no me creo que las habilidades de los ejecutivos sean tan “exclusivas”. Después de hablar con suficientes psicólogos en departamentos de recursos humanos uno se hace un descreído de la meritocracia: no sólo no existe sino que no se busca. Lo que funciona y sigue igual es el “amigachismo”: es curiosísimo ver cómo en reuniones de ejecutivos de empresas todos son familiares y amigos “de”. ¿Departamento de recursos humanos? Sí, sirven para reclutar puestos bajos-medios, pero como el puesto sea importante la tarea consiste en hacer pantomimas de entrevistas para dar al “fichaje” una apariencia “científica”. Y de esto puedo hablar muchísimo con mucho conocimiento de causa.
La meritocracia existirá en bellos y sesudos modelos teóricos, pero en la realidad no. Los que están “arriba” no lo están por saber mejor inglés o tener habilidades inalcanzables para el resto. Están arriba por sus contactos, familiares normalmente, trabajados a veces. Y esto con conocimientos nada extraordinarios ni inusuales. Es mejor tener familiares ricos o unas buenas habilidades sociales. Por cada caso de “hombre hecho a sí mismo” desde abajo tenemos a tres o cuatro que se lo han dado regalado. Esa es la triste realidad. Ni su curriculum ni sus capacidades suelen ser las mejores pero se aumentan el sueldo como si así fuera. Es una celebración más de la desigualdad y la injusticia.
Porque claro, tenemos el tema de la evolución salarial. Estancada durante años, decíamos. Esto no es fruto del azar o del destino o de la “ciencia”. El resto de Europa ha tenido una tendencia salarial muy diferente. (somos el único país de la OCDE que ha tenido durante el periodo 1995-2005 un descenso del salario promedio) ¿Hay más variables por medio? Claro. Pero no se puede pintar el estancamiento salarial como algo inevitable o necesario: es una medida política buscada y sostenida en el tiempo. Llevamos años oyendo a Rato, Solbes y a la CEOE de lo buena y recomendable que es la “moderación salarial”. ¡Claro que los gobiernos han empujado en esta dirección! No serán los únicos responsables, pero que han contribuido al respecto (y no poco) es algo que me parece fuera de toda evidencia.
Los terremotos se guían por leyes físicas, pero la economía se guía por decisiones de agentes políticos, Citoyen. El gobierno, como actor político de primer nivel, tiene responsabilidad en el hecho de que la gente se empobrezca progresivamente. No toda, pero tiene lo suyo.
Antes de continuar, decir que sí, que habría que hacer una revolución con el sistema educativo. Sí, revolución. Habría que asentar un sistema educativo durante unas cuantas décadas y no unos años. Habría que “fabricar” más especialistas o facilitarlo más. Tampoco sería bueno caer en la tendencia a crear sabios de una parcela y estúpidos en todas las demás, pero una mayor especialización es necesaria. Cuanta más variabilidad de habilidades de los trabajadores más difícil se hará justificar determinados dedazos. No habrá dedazos para cubrir todo. Al fin de cuentas los de la parte alta de la tabla son menos. Tendrán que pagar por esos trabajadores con esas habilidades tan raras.
Y, para no extenderme, no hablaré de los dedazos y el “amigachismo” de la Universidad pública en España. Sería muy largo. Mucho.
Pero el problema, claro está, es qué hacemos mientras. Supongamos que hacemos una revolución educativa perfecta, pero ¿y mientras? Es que la gente está ya muy con el agua al cuello. Pero mucho. Fruto de políticas en la misma dirección desde hace demasiados años. Tiene que haber un desahogo, una solución mientras damos a sus hijos esa reforma educativa. Y lo que se hace ahora no tiene pinta de funcionar para la mayoría. Ni la impresión de a pie de calle es buena ni la impresión de los grandes números invitan al optimismo.
Y claro, aquí los empresarios tienen mala imagen. Decía mi profesor de Psicología de las Organizaciones que la palabra “empresario” tiene connotaciones positivas en países del Norte de Europa (les parece sinónimo de “emprendedor”, “aventurero”) pero que en países del Sur de Europa suena a sinónimo de “explotador” o “negrero”. Decía que si las diferencias económicas aumentan es complicado que mejore la imagen de los pocos que mejoran. Muy pocos asumen un rol que tiene tan mal olor para tanta gente.
Por eso hay que educar a los empresarios en la responsabilidad que tienen hacia una sociedad que les ha beneficiado mucho. Es que hay países en que crecen todos, empresarios y trabajadores. Aquí no. Aquí durante demasiado tiempo sólo crecen los empresarios. Aunque, a favor de los nuevos empresarios, hay que decir que es difícil montar una empresa, digámoslo todo. Eternos papeleos y absurdas esperas: la gente debería poder montar empresas con menos trámite y de modo más sencillo.
Como pienso que se debería ayudar y facilitar trámites, pues más empresas implica más competencia y, en teoría, menos concentración de poder, también creo que se les debe pedir responsabilidad. No podemos pedir a la gente “paciencia salarial” durante años y no pedir jamás un mínimo esfuerzo a los empresarios. No pueden ser siempre los mismos los que sean mártires eternos. Ni es justo ni es realista ni debería ser vendible.
No se trata de pegar a nadie: se trata de crecer todos, empresarios y trabajadores. De hacerles ver que va en detrimento de sus futuros beneficios el creciente cabreo de la gente con ellos. Que está bien que ganen, pero no a costa de todo. Que si crecemos todos, todos salimos el doble de beneficiados. Yo sí creo en un capitalismo en el que crecen todos, como el que se tenía desde que acabó la segunda guerra mundial hasta los años 80 del pasado siglo. No todo es recuperable, y me imagino que habrá cosas que cambiar y otras que eliminar, pero ese espíritu me parece que es el que hay que seguir.
Hay que hacer algo. Ya. Para lo que pasa ahora. No se está haciendo, o si se hace no se nota. Las estupideces dichas por Solbes o Caldera sobre la economía del día a día no hacen sino cabrear aún más al personal. Con toda la razón, debo decir.
Hemos aguantado demasiado. No se debe pedir que se aguante más. Resignación cristiana para quien crea en esa versión 1.1 de las teorías de Platón, pero a los demás que nos den resultados. Empirismo.
Y si esto no funciona, habrá que replantearse las hipótesis y la teoría. Como se hace en la ciencia cuando se hace bien.
Tipo de Pecado: Pensamiento Pagano (PP) |








December 21st, 2007 at 12:26
Muy bien, Luzbel. Y añado yo que, por muy exclusivas que sean las habilidades de los ejecutivos ( al margen de lo que comentas de los enchufismos ), nadie me convencerá de que es justo que un trabajador, por muy difícil o meritoria que sea su labor, cobre 20 veces - y seguro que me quedo corto - mas que yo.
Firmado, un “unpocoporencimademileurista”.
December 21st, 2007 at 16:47
Pues en el terreno de la moderación salarial estoy con el gobierno. Si se desmadran los salarios se encarecerán los productos, habrá mas inflacción, pérdidas de las empresas y menor presupuesto para invertir en el tan necesitado I+D y todo eso cuando hay nubarrones en la economía a causa del estallido de la burbuja inmobiliaria de Bush.
December 21st, 2007 at 16:58
Luchino:
Uyh, uyh, que nos movemos en márgenes parecidos, me parece a mí.
Manuel:
Un problema más, añadido a los expuestos, es que la tan deseada subida en I+D no se ha producido con macrocrecimiento durante tantos años. Y ya hay encarecimiento de productos, inflación galopante y demás.
January 2nd, 2008 at 16:01
Yo en el mundo empresarial me considero un modesto antropólogo que hace observación participante. Desde luego, si lo compara uno con otras realidades históricas, como la aristocracia, se ven paralelismos: ellos justifican su propia existencia en un proceso circular. ¿Por qué es muy importante mi trabajo? Porque cobro mucho. ¿Por qué cobro mucho? Porque mi trabajo es muy importante.
Más todavía: se perciben verdaderos indicios de establecimiento de castas más que clases económicas, fenómenos de “mandar a la muerte a las mesnadas” y otras lindezas que me hacen pensar a cada minuto que no hago sino morar en tierra de herejes.
Obviamente, siempre se piensa que los curritos, ésos que no hacen un trabajo importante, siempre cobran de más, y hay que practicar todos los excesos del taylorismo: vigilancia de si van mucho al dentista, o a mear, y echarles la culpa de la bajada de productividad si exasperados después de doce horas de trabajo se toman un café para calmarse un poco. Que los que tienen poder para juzgar el trabajo de los demás se la rasquen a dos manos es irrelevante.
Todo análisis económico es una mierdecilla si no se toman en cuestión las relaciones de dominio y poder y las circunstancias que las favorecen, la manipulación lingüística y el análisis simbólico de toda interacción humana. Obviamente muchos economistas eso es lo primero que descartan. Vamos, lo que se dice ignorar olímipicamente el primer principio de todas las ciencias humanas.
January 2nd, 2008 at 19:20
Siempre, siempre, siempre hay que tener en cuenta eso último: quien manda, qué apoyos tiene, a quien beneficia, qué hacen para mantener el poder.
Y que claro, el poder una vez se alcanza no se quiere abandonar: o se pierde o se renuncia a él.
January 5th, 2008 at 17:13
Huy, este ciudadano esta de vacaciones. Prometo responder un día de estos (estoy terminando un libro sobre el estado del bienestar, así que la respuesta sera menos intuitiva que la última vez).
January 18th, 2008 at 12:38
[…] embargo, el mainstream de la izquierda no parece haber asimilado el efecto de la ley de la gravedad y sigue creyendo que redistribuir riqueza es fácil y gratis. Esta rama de la izquierda aboga en […]