Si no lo crees, no lo entenderás

“La Ola” y el precio de la honestidad

Martes, 9 Diciembre 2008 por Lüzbel

“La Ola” cuenta una historia basada en un hecho real. Se trata del experimento de Ron Jones, que, ante la pregunta de un alumno sobre cómo el pueblo alemán pudo ignorar el genocidio perpetrado por los nazis decide intentar aumentar la disciplina y cohesión grupal en la clase. Los resultados empezaron a ser peligrosos, y tuvo que parar el experimento.

El objetivo de la película era llamar la atención sobre la posibilidad de la vuelta de la autocracia (no sólo el fascismo es indeseable: también lo son las autocracias izquierdistas). El director decía que en la sociedad alemana se ha machacado demasiado el tema del nazismo, creando un hartazgo sobre el tema, que unido a un nihilismo en alza puede ser peligroso y abrir puertas que se creían cerradas.

La idea es, en esencia, cierta. No sólo por el auténtico experimento en que se basa la película: los experimentos clásicos de Psicología Social de Milgram, Zimbardo o Sherif ya nos hablaban de la tendencia humana hacia la obediencia ciega o al gregarismo. El peligro estuvo, está y estará siempre ahí.

Lo más interesante de la película (más allá de adaptar aquel experimento de modo ameno y sin que decaiga el ritmo) ha venido cuando leí en un periódico una entrevista con el director. En la película el profesor trata de darles una entidad como grupo, así que les hace ir a clase con camisa blanca y adoptan un saludo especial (simulan con la mano el movimiento de una ola). Comentaba el director que en los primeros pases de la película la gente salía entusiasmada, y que de hecho se ponían la camisa blanca, se tatuaban el símbolo de “la Ola” y hacían el saludo de la película.

Estaban contribuyendo a lo que trataban de combatir. ¿Qué hicieron? Tuvieron que cambiar el final de la película, para que quedara claro que las prácticas que llevaban a la autocracia eran “malas”.

Es el problema de la honestidad, de querer no ser maniqueo y poner en escena unos “malos” que salen triunfantes (como pasa demasiadas veces en la realidad). Por desgracia el final de la película tuvo que ser algo tramposillo, y todo por otra constante humana: la tendencia a creer que “quien gana tiene razón“. El Juicio de Dios medieval, la justificación torticera sobre el porqué los privilegiados deben seguir siéndolo y lindezas similares.

Intentar separar lo razonable que tenga una idea de su grado de éxito no es lo normal, pero sí muy necesario. 

Y difícil.

Tipo de Pecado: Arte Hereje y No Sacro |


Últimas maldades del diablo

6 gritos en el Infierno

  1. Ñbrevu gritó en el Infierno:

    Y difícil, sí. Muy difícil.

  2. Noemí gritó en el Infierno:

    Yo la vi este domingo. Brutal. Muy recomendable. Yo lo tacharía de imprescindible en la asignatura de “Educación para la Ciudadanía” ya que les puede enseñar a los estudiantes de hoy que asocian la palabra “facha” a Franco y Hitler, que ahora el nacionalsocialismo se viste de antisistema Vasco y Catalán.

  3. Alfie gritó en el Infierno:

    Veo que os gustan mis recomendaciones. Procuraré seguir haciéndolo igual de bien.

  4. Lüzbel gritó en el Infierno:

    Pues sí, me gustó, y mucho ;)

  5. Gerhard K gritó en el Infierno:

    La xenofobía contra lo catalán que defiende Noemi sí que es fascismo.
    ¿Tanto miedo te da que haya gente que no hablemos español…? ¡a mí los de UPyD casi me agreden por hablar alemán en Barcelona!

  6. Noemí gritó en el Infierno:

    ¿Xenofobia contra lo catalán siendo catalana y hablando catalán? ¿Llamas a xenófoba a una persona que lucha a favor de la libertad y en contra de las fronteras, la xenofóbia y la homofobia? Tus afirmaciones resultan de chiste al igual que los argumentos de los nacionalistas catalanes y españoles. Levantar fronteras en pleno siglo XXI es de paletos y fanáticos. Las fronteras físicas y psicológicas son la gran vergüenza de esta civilización y alimentan el instinto asesino del ser humano.

    Ala, que te vaya bien poniendo totxanas para levantar una frontera que nos separe de españa. Ni cuando los manguis que tenemos en el Parlament lleven a la miseria a la ciudadanía cambirás de opinión, tantos años de adoctrinamiento nacionalista son difícil de desprogramar.

    PD: no intentes fomentar el odio, yo he hablado catalán en Madrid, Coslada y Alcalá de Henares y NADIE ME DIJO NADA NI ME MIRÓ MAL. Viaja, anda, que el odio nacionalista se cura viajando. Esos que hablan con la Z no son tan malos, te lo dice una catalana aunque tú no me considerás así nunca, es más, si pudieses me mandabas al otro lado del ebro de un puntapié. ¿Me equivoco?

Grite vd. algo al Diablo, que igual le oye

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