Dorothy, psicóloga y muy amiga mía, tiene discusiones con gente que sostiene teorías esotéricas.
Para el que no quiera leerse el hilo, decir que la cosa empieza con esta frase de luisgc: “Podemos tener recuerdos desde tan atrás como los momentos que pasamos en el útero de nuestra madre” (suspiros).
Dorothy responde, basándose en lo que se sabe de la maduración del cerebro (”Este tema no tiene nada que ver con las creencias de cada uno, simplemente con 1 año edad tu sistema nervioso no tienen la suficiente maduración (dicho de forma simple), para procesar y almacenar la información que constituyen tus recuerdos. Es como intentar instalar el Windows XP en un ordenador de los años ochenta… por mucha fe que le pongas, simplemente, no puedes“).
Lo mejor, lo que me ha hecho escribir el post es la contestación. ¿Qué hace el otro? Pues hace algo que estamos viendo por otros lares (1, 2). Coge Google y busca cosas que parecen encajar con su teoría. Allá van.
La contestación de Dorothy vuelve a valer la pena: “En primer lugar, y eres consciente de ello, es importante que la supuesta evidencia científica provenga de fuentes fiables. De todos los trabajos que citas arriba algunos son más fiables que otros, simplemente viendo las fuentes. Que la fuente sea la APA (American Psichologycal Asociation) o la OMS (Organización Mundial de la Salud) ya es una garantía de que el estudio es riguroso y de que tiene amplio consenso entre la comunidad científica. Porque claro, buscando en google, de cualquier tema te puedes encontrar estudios que corroboren ideas peregrinas, incluso provenientes de universidades. Hay que tener cuidado con esto. Es una de las cosas más útiles que he aprendido en la carrera: no todos los trabajos de investigación son válidos, tienen que tener el suficiente apoyo empírico para contar con el consenso de la comunidad científica. En ciencia, no vale todo. ”
La contestación posterior vale la pena leersela: los estudios aportados por luisgc no sólo no contradicen lo dicho por Dorothy sino que lo complementa…tiene pinta de no haberse leído enteros los estudios que puso. Además, habla del mito de “el infinito poder de la mente humana”.
Pero la clave es la anterior: gente que busca en “lo científico” la justificación a sus ideas, y que gracias a Google las encuentra…porque hay estudios afirmando casi cualquier cosa. Hay que saber discriminar qué fuentes son fiables. Hay que tener un “detector de gilipolleces”, esto es, una alarma mental automática ante cosas que, por su estructura o lógica, no tienen pinta de ser muy científicas. Hay que tener una base teórica previa, la cual te permite conocer qué errores teóricos y metodológicos tuvieron otros antes, para no repetir los mismos como si fueran cosas nuevas por descubrir, por molonas que sean.
Todo este conocimiento se puede adquirir (y por eso no hace falta pasar cinco años de carrera para poder hablar de política, psicología o economía), pero el núcleo del problema no es intelectual. Es emocional. Pueden ser gente muy inteligente, pero también es gente seducida por una idea de la que no quieren descolgarse, y ponen todo su empeño en no salirse de ahí, por más que ignoren mucho del tema del que pretenden pontificar.
Como en tantas otras cosas, no es culpa de la tecnología, de la ciencia o de internet. Es culpa de la cabezonería humana.